Era verano y la playa invitaba a huir de sus niños, sus perros y el vozarrón del vendedor de coco que transmitía eterno viento de Pals. Subía por la cuesta que lleva al aparcamiento, cuando una librería-tienda de esas que venden artilugios para playa, gorros, sombrillas, sillas, zapatos etc., me cerró el paso. Sucumbí cual «guiri» enrojecida, pero mi sorpresa fue ver «libros-libros», no guías y novelones.
El instinto me llevó a elegir una novela de Anne Perry. Hablo de Julio de 2001 y me refiero a Silencio en Hanover Close, Plaza & Janes, 1999. Siempre he preferido la novela de asesinatos escritas por mujeres. De verdad que no es machismo femenino; es la forma del relato y el misterio mezclado con tramas sutiles; esa diferencia que no es tangible pero que se refleja en los relatos policíacos escritos por mujeres. He disfrutado con Anne Perry leyendo palabras de uso poco frecuente que ya concretaré en su momento. Perry me entusiasmó y leí toda su obra. es justo que empiece por ella.
Nació en Londres (1938). Su verdadero nombre es Juliet Hulme, pero un suceso que marcó su vida también la obligó a cambiar de nombre. Cuando contaba 15 años, junto con una amiga, mataron a ladrillazos a la madre de ésta, en un bosque de Nueva Zelanda, porque la víctima quería separarla de su hija, amiga íntima de Juliet. Por la juventud de ambas, la pena de muerte se convirtió en más de cinco años de cárcel.
Intentó rehacer su vida en Inglaterra, pero fue en Estados Unidos donde alcanzaría el éxito. Por aquel entonces nadie podía imaginar, que tras sus historias victorianas, planeaba el recuerdo de un crimen real. Actualmente vive sola en Portmahomack, Escocia.
Cuando escribe su primera novela tiene 41 años. Han pasado 26 desde el triste suceso. Dudo mucho, que algún sistema de reinserción pudiera funcionar sin su genialidad innata y su capacidad para incorporar conocimientos, que le permiten desenvolverse con tanta naturalidad en un tiempo de la historia que no ha vivido. Creo que para ello hay que poseer unos amplios conocimientos históricos y Anne lo demuestra con creces a lo largo de su obra.
La propia autora, desde su Web oficial, ofrece una pequeña autobiografía, en la que pasa de sus diez años a la juventud, en dos líneas pero dejando ver que estuvo enferma algunos años. Ya desde muy joven su deseó ser escritora alentada por su padre que también estimuló su afición a la lectura. «... Yo no se cuantos libros habría escrito cuando publiqué mi primera novela, yo se que estaba encantada en velo publicado»
Su preciosismo en la descripción, según afirma, le viene dado por un hecho sucedido con su padre, que era físico nuclear y matemático, amante de la precisión y la exactitud. Nos cuenta Anne Perry que ella tenía un problema grave para resolver y acudió a su padre para pedirle ayuda. «...Balbuceando y tartamudeando, intenté explicarle lo que pasaba, yo le dije: tu me entiendes no? y él respondió: no. Te entiendes tú. Primero tienes que saber qué quieres decir y luego no tendrás problemas para decirlo».
Antes de llegar a ver publicado su primer libro se dedicó a trabajos de azafata y vendedora, en Newcastle y en una inmobiliaria de Los Ángeles, hasta que por fin, en 1979, se editó su primera novela: Los crímenes de Carter Street, Plaza & Janes, 1996.
Su estilo literario refleja profundamente su personalidad, ella misma cuenta: «...Empecé escribiendo sobre Londres Victoriano por una sugerencia de mi padre acerca de quién podía haber sido Jack el Destripadora y me di cuenta que estaba totalmente absorta por lo que pasaba en las vidas de las personas que rodeaban a un acusado durante el proceso de la investigación». Es muy posible pensar que recordaba el drama en que había sumido a su familia, sin obviar el propio.
Reconoceremos a lo largo de su obra todas estas influencias y otras que ella no dice, pero que son atribuibles a un espíritu que ha vivido las emociones apurando los extremos. Su obra es muy extensa y está dividida en series con personajes que irán evolucionando a lo largo de los títulos. La primera, protagonizada por Thomas y Charlotte Pitt; la segunda, William Monk y Esther Latterly, ambas ambientadas en la Inglaterra victoriana, la primera en 1881 y la segunda en una época anterior, en el año 1856. Empieza después de la guerra de Crimea (1854–1856), en la que Gran Bretaña se enzarzó en una lucha contra los rusos. En 2003 apareció una nueva serie, esta vez en la I Guerra Mundial, protagonizada por los hermanos Reavley; la historia comienza con el asesinato de los padres, que coinciden cronológicamente con el hecho que desencadenó la guerra, el asesinato del Archiduque de Austria. Esta vez abandona la niebla londinense para llevarnos a Cambridge y a las trincheras del escenario bélico, que describe con una crudeza y un realismo sobrecogedor.
Sin perder de vista la personalidad de la autora, me centraré en su obra y si al comienzo hago referencia a un hecho, que seguramente la propia Anne Perry quiere soslayar, no es para recreo morboso. Volveré a él en el análisis de sus personajes porque son receptores de unos sentimientos que bien podían reflejar los suyos en el pasado.
Los personajes:
La novela publicada en 1979 llevaba más de diez años escrita, pero el conjunto de la obra de Anne Perry en las series Pitt y Monk es tan homogéneo, que parece estar sacado de una gran obra primaria que la autora ya tenga elaborada en su fantasía o incluso sobre papel, de tal manera, que a veces mezcla personajes. En las primeras páginas de Los crímenes de Karter Street, por ejemplo, saca a colación a una enfermera inglesa que es un personaje real -Florence Nightingale (1820-1910)-, que regresó triunfal a Inglaterra en 1857, después de haber participado en la guerrade Crimea. Esta mujer, dedicó el resto de su vida a promover su profesión; fundó una escuela de enfermeras que lleva su nombre. En 1861, fue llamada por el gobierno de la Unión para organizar sus hospitales de campaña. Un año después, Florence Nightingale fue la primera mujer miembro de la Statistical Society y en 1863, publica Notas sobre hospitales y posteriormente, Notas sobre enfermería, dedicada a las amas de casa. En 1860 crea la primera Escuela de Enfermería en el Hospital de Santo Tomás, con 15 alumnos. A los 63 años, la reina Victoria le otorgó la Royal Red Cross y en 1907, fue la primera mujer condecorada con la Order of Merit.
En la primera serie presenta una familia con tres hijas, un padre “respetable” y respetado, Edgard, que ejerce su autoridad hasta la censura del pensamiento y que será el hilo conductor de su discurso feminista respecto a una clase de hombre que, lamentablemente en mayoría, rodeaban a la mujer del siglo XIX; la reivindicación consiguiente estará presente en toda su obra. Son personajes cotidianos, de ahí el corte costumbrista de la novela de Perry. Curiosamente, la primera serie se desarrolla cronológicamente más tarde que la segunda y sin embargo, parece desenvolverse en cánones más conservadores.
Anne Perry sabe utilizar muy bien los recursos literarios que permiten formar una imagen sin decir qué debemos pensar, aunque generalmente lo consigue. ¿Qué podríamos pensar de alguien que tiene un comportamiento semejante?: “Edgard entró en la sala de estar, se dirigió hacia la chimenea y se colocó de espaldas al fuego, impidiendo que el calor llegase a los demás.” Los crímenes de Carter Street, pág. 20. Plaza & Janés 1996. Así, sutilmente, va dibujando cada uno de ellos. Emily refleja la mujer equilibrada y simpática, apasionada, pero más racional que impulsiva en sus decisiones afectivas. Sara será la portadora de las tradiciones familiares, podría decirse que es el superyó freudiano de la familia. Naturalmente debe morir; es un lastre difícil de arrastrar, alguien que antepone valores educacionales y de obediencia, a la naciente rebeldía femenina de la época. Y así quedan los personajes fuertes femeninos: la terrible señora Ellison, abuela de la protagonista y madre de Edgard, el padre; Caroline, la madre y Charlotte, la protagonista.
La abuela es la amargada sistemática, la caricatura de ese sentimiento de negatividad que vemos con frecuencia a nuestro alrededor y al que nunca queremos parecernos. Es lo antagónico a la ruptura total de dos clases de valores, protagonizados por Caroline y Charlotte, tema que también preocupa mucho a la autora: la lucha de clases, que estará presente en toda su obra, incluida la dedicada a la I Guerra Mundial, hecho que, curiosamente estuvo presente en su adolescencia, porque la madre de su amiga asesinada, aduce la diferencia de clases para impedir la amistad. Pero sigamos con los protagonistas.
Caroline, la madre, representa hasta cierto punto algunos de los valores de Sara, pero es mucho más liberal emocionalmente que su hija. Cree realmente en lo que defiende, aunque sabe que es injusto. El punto de rebeldía que le falta lo adquiere al enterarse de “algunos asuntillos” de su marido... La evolución de Caroline a lo largo de la obra es asombrosa.
Charlotte es el impulso de libertad. Se va a vivir al "eslabón inferior", buscando los valores “auténticos”, que parecen ser potestativos de este estrato; pero en sus paseos a ese “escalón inferior”, suburbios y chabolas, marginales y marginados, podrá comprobar que también predomina la envidia y el miedo. Aquí empieza la proyección de Anne Perry, parte de sí misma viaja de la mano de Charlotte, pero, en su obsesión por las clases, no puede prescindir de todo aquello que ha representado para ella en su infancia, su forma de vida. Vespasia dará salida a ese sentimiento de forma magistral; lo es todo: guapa, influyente, aristócrata y valiente, pero claro, es vieja. La autora no puede permitirse una escisión tan fuerte. Lady Vespasia aparecerá milagrosamente a través de un casamiento de Emily, su hermana, con un Lord.
Pero si los personajes son el plato fuerte la salazón es la justicia y la persigue desde el principio, reflejando su ausencia en todas las áreas filosóficas y sociales del momento, que conformaba una política represiva y reprimida, en la que las apariencias eran la razón de ser de unos pocos, y la supervivencia, la de la mayoría del pueblo. Todos conocemos la época Victoriana (1837-1901) como un momento que impregnó a Europa de subordinación al que dirán y a las apariencias, porque, si bien era Inglaterra la cuna, la situación era parecida en muchos países, excepto la corriente liberal de Francia, a la que había salvado la bohème de buena parte de la represión.
El feminismo es otra de sus reivindicaciones políticas, si es que las tiene; a lo mejor no es más que su particular forma de ser, lo cierto es que en sus novelas los hombres están “a medio hacer”. Ninguno se salva: Pitt es guapo, trabajador, honrado y todo lo demás pero… es un poco corto, y no es elegante. En cambio los personajes femeninos tienen fuerza, matices de individualidad y si no fuera por la sociedad, que impide el normal desarrollo de la mujer, sería ellas quienes gobernasen el mundo ”haciéndolo más justo e igualitario”, pero tienen que disimular su “superioridad” para que ellos sean felices.
Sin embargo su progresismo choca con la moral sexual, cosa que en principio, no parecía que iba a suceder, al empezar a leer la serie del detective William Monk y Esther Latterly, donde presenta a una heroína liberada y curtida por la guerra, pero en una de sus actuaciones más brillantes, Monk le pide que sea su mujer y ella, naturalmente, cae rendida a sus encantos. Será casual que el libro en el que solicita Monk su “licencia para besar” se llame Sepulcros blanqueados, Ediciones B, 2000. Hay una cierta rendición a la moral en este hecho. Posiblemente refleja la realidad de la época, en la que la mujer tenía reivindicaciones más urgentes que el derecho al propio cuerpo. Al final le daremos la razón a Maslow cuando afirma que “las necesidades del ser humano están jerarquizadas y escalonadas de forma tal que cuando quedan cubiertas las necesidades de un orden es cuando se empiezan a sentir las necesidades del orden superior”. Abraham H. Maslow (1908-1970).
Hasta tal punto los hombres de Anne Perry son “defectuosos”, que el detective William Monk, deberá hacer “tabula rasa” para poder recobrar la sensibilidad. En la primera novela protagonizada por él, aparece como un hombre herido en un accidente de cabriolé. Otra obsesión de las novelas. Hacía 20 años que en Inglaterra funcionaban transportes públicos a vapor que hacían recorridos de unos 25 km. de trayecto. Nuestros protagonistas siempre van en cabriolé. Volvamos a Monk; este hombre, que sólo es portador de un cuerpo, se encuentra de repente con un empleo de policía, un jefe que le odia y al que se supone él odiaba, unos compañeros que le miran con miedo, como si fuese una persona sin escrúpulos, duro y escalador, con un pasado de ingratitud hacia su progenitor. Hijo de un pescador que aprende a pescar fuera del mar, pero no importa, podemos fundirlo y hacer de él un ejemplo de moral y virtudes a cambio de que no despunte mucho en la inteligencia, eso si, a este lo viste bien.
Eso parece decidir la autora cuando nos enseña su personaje en la siguiente novela, Luto riguroso, Ediciones B, 2001, donde surge el enfrentamiento de Monk con su jefe y que le llevará a nacer de nuevo. Será un detective solitario y sin pasado, que iniciará una relación con una “cargante” enfermera, discípula de la señorita Nightingale que poco a poco será su único pasado y futuro.
En lo que respecta a la historia, es fiel reflejo de ella. La guerra de Crimea sucedió en el periodo (1854-1856) y la serie empieza precisamente en 1856, recién terminada y con las secuelas vivas todavía en la sociedad británica, de esta forma su personaje femenino Esther Latterly, enfermera voluntaria de la guerra que estuvo en una de las batallas más destructoras de la contienda, contiene numerosos rasgos del carácter que se le supone a la ilustre enfermera británica, he aquí su carta de presentación: “Quiero que sepa que no me importa caminar a una distancia de dos pasos detrás de un hombre siempre que el hombre camine dos pasos más aprisa que yo” El rostro de un extraño, Ediciones B. 1998.
Sólo me queda por añadir algo obvio: me ha encantado y espero transmitir mi entusiasmo por una forma de escribir y describir, que te transporta a una fantasía evasiva y reconfortante porque siempre ganan los buenos, que ya está la vida para que pase lo contrario.
Dedicar unas palabras para agradecer a los traductores cuando han sabido encontrar la palabra exacta en castellano, pero como en todo, hay una excepción: Gemma Morales, traductora de Venganza en Devil’s Arce, Plaza y Janés,1998, tiene la osadía de traducir Devil’s Arce por Parcela del diablo a través de toda la novela, eliminando así uno de los encantos de la serie de Pitt, que recorre de forma circular, todos los barrios de Londres que dan título a las novelas. El resto del libro, no recuerda el vocabulario victoriano ni en sueños. Espero tener la suerte de verla editada con otra traducción.
(Los datos reflejados han sido recogidos de la Web, de diferentes páginas dedicadas a la autora y los más exactos de Wilkipedia).
Mercedes Gallego
Bibliografía de la autora
A continuación doy una lista de textos de Anne Perry. Las novelas de la serie de Pitt han sido traducidas y editadas por Editorial Plaza y Janés, en su casi totalidad. En tanto, la serie de Monk está a cargo de Ediciones B.
SERIE DE PITT
Los crímenes de Cater Street (1979)
Los cadáveres de Callander Square (1980)
La secta de Paragon Walk (1981)
El callejón de los resucitados (1981)
Los robos de Rutland Place (1983)
El ahogado del Támesis (1984)
Venganza en Devil´s Acre (1985)
El envenenado de Cardington Crescent (1987)
Silencio en Hanover Close (1988)
Los asesinatos de Bethlehem Road (1990)
Los incendios de Highgate Rise (1991)
Chantaje en Belgrave Square (1992)
El caso de Farrier's Lane (1993)
El degollador de Hyde Park (1994)
El cadaver de Traitors Gate (1995)
La prostituta de Pentecost Alley (1996)
La conspiración de Asworth Hall (1997)
El misterio de Brunswick Gardens (1998)
La amenaza de Bedford Square (1999)
Los escándalos de Half moon Street (2000)
La conspiración de Whitechapel (2001)
Los secretos de Connaught Square (2003)
La medium de Southampton Row (2005)
El viaje del perdón a Glen Orchy (2007)
SERIE DE MONK
El rostro de un extraño (1990)
Luto Riguroso (1991) Defensa o Traición (1992)
Una duda razonable (1993)
Los pecados del lobo (1994)
Su hermano Caín (1995)
El equilibrio de la balanza (1996)
El grito silencioso (1997)
Sepulcros Blanqueados (1997)
Las raíces del mal (1999)
Esclavos de una obsesión (2001)
Una visita navideña (2007)
SERIE I GUERRA MUNDIAL
Las tumbas del mañana (2003)
Ángeles en las tinieblas (2005)
OTRAS PUBLICACIONES
Salvar a Luis XVI (2000)
Mujeres peligrosas (2006) Contiene 17 relatos y entre ellos uno de Anne Perry.
Transgresiones (2007) Cinco novelas cortas de varios autores y de Anne Perry
(La última novelas de la serie Pitt y la última de Monk, no las he leído; aportaré más información si su lectura me la proporciona. Las escritas con otros autores tampoco las he leído; estoy en ello)
